¿Qué es una plataforma de comunidades de pago?
Una plataforma de comunidades de pago es el software con el que funciona una comunidad de pago. Reúne a los miembros, la conversación, las lecciones y los archivos en un solo lugar, y cobra por el acceso: una suscripción o un pago único. La comunidad son las personas y el trato entre ellas; la plataforma es la herramienta que la hace funcionar. Lo que la define es la puerta: el acceso se abre cuando entra un pago y se cierra cuando dejan de llegar los pagos.
Qué es una comunidad de pago
Una comunidad de pago es un grupo de personas unidas por un tema o un objetivo, y entrar cuesta dinero. Ese dinero no es el precio de un archivo que se entrega una vez. Es el precio de quedarse en un sitio que sigue: una conversación que se renueva, lecciones que se van añadiendo, reuniones que se repiten y gente a la que preguntar cuando te atascas.
La plataforma es el software que hace eso por ti. Sabe quién pagó, le abre la puerta, la cierra cuando dejan de llegar los pagos y guarda lo que se escribió para que no quede enterrado bajo los mensajes nuevos.
Los dos términos no son lo mismo: una comunidad de pago son las personas y el trato entre ellas, y una plataforma de comunidades de pago es la herramienta con la que funciona. Puedes tener lo primero sin lo segundo; simplemente haces a mano todo lo que lo segundo habría hecho por ti.
Sitio de membresía, grupo de pago, comunidad de pago: qué quiere decir la gente
Los nombres se solapan, y la diferencia que importa es fácil de explicar. Un sitio de membresía es el nombre más antiguo de un sitio de suscripción que es sobre todo contenido, ordenado para que lo vayas recorriendo. Una comunidad de pago añade lo que el contenido por sí solo no puede hacer: los miembros hablan entre sí, no solo con el propietario. Un grupo de pago suele ser un grupo de chat al que se le ha pegado un precio.
Cómo funciona la plataforma: seis partes y ninguna más
Se llamen como se llamen las pestañas, estas plataformas están hechas de seis partes. Entiende las seis y podrás leer cualquier descripción de cualquiera de ellas.
- Una puerta, y el registro que hay detrás. Sabe quién es miembro y quién no, abre y cierra en consecuencia, y guarda la lista: quién se unió, cuándo y cómo contactar con él. Un grupo de chat no tiene nada de esto: la forma de entrar es un enlace de invitación, y un enlace es solo texto.
- Un lugar para hablar. Publicaciones, comentarios, preguntas y respuestas, con títulos y páginas, para que se lean igual de bien el mes que viene que hoy.
- Un lugar para enseñar. Lecciones ordenadas dentro de cursos, con una marca en lo que cada miembro ha terminado.
- Un lugar para reunirse. Un calendario de sesiones en directo, un recordatorio antes y una grabación después para quien se la perdió.
- Un lugar para guardar archivos. Una biblioteca para los archivos y enlaces que das a los miembros, en lugar de un mensaje fijado arriba de un chat.
- Una forma de cobrar el dinero. El precio va unido a la propia puerta: el acceso se abre cuando entra un pago y se cierra cuando dejan de llegar los pagos.
Qué recibe el miembro y qué recibe el propietario
El trato tiene dos lados. El miembro recibe:
- Un solo lugar en vez de cinco: no un chat aquí, archivos allá y el correo en otra parte.
- Respuestas que se quedan y se pueden buscar, para que la misma pregunta no vuelva cada semana.
- Lecciones en un orden que alguien eligió, en lugar de una carpeta en la que nadie sabe por dónde empezar.
- Acceso a la persona que sabe, y a todos los demás: a menudo, el miembro que empezó hace dos meses es más útil que cualquier lección.
- Un trato claro: cuánto cuesta, cuándo se renueva y cómo darlo de baja.
El propietario recibe:
- Ingresos que se repiten, en lugar de una venta que empieza de cero cada vez.
- Una puerta que funciona sin él: sin enviar enlaces uno a uno, sin perseguir a quien se retrasa, sin sacar a nadie a mano.
- Una lista de miembros de verdad: nombres, fechas de entrada y una forma de llegar a esas personas.
- Contenido que se acumula. Cada respuesta se escribe una vez y sirve a todos los que llegan después, así que el lugar vale más cada mes.
- Un sitio cuya forma y cuyas reglas son suyas, en lugar de un muro que decide quién ve qué.
Cómo ganan los propietarios: las cinco formas de cobrar
En toda esta categoría, los precios se reducen a cinco formas, y la mayoría de las plataformas admiten una o varias de ellas.
- Gratis. Nadie paga. Se usa para construir primero el lugar, o porque los ingresos vienen de otra cosa.
- Suscripción mensual. Una cantidad que se renueva cada mes mientras el miembro se quede.
- Suscripción anual. Un pago que cubre un año, normalmente por menos de lo que costarían doce meses, a cambio del compromiso más largo.
- Niveles. Dos o tres niveles a precios distintos, a veces con uno gratuito abajo del todo: el nivel más barato abre una parte y el más caro abre el resto.
- Pago único. Pagas una vez, te quedas, nada se renueva.
Debajo de cada forma hay dos costes: lo que se queda la plataforma y lo que se queda el procesador de pagos en cada transacción. Las plataformas lo presentan de distintas maneras (una cuota mensual fija, una parte de cada pago, o ambas), y la regla que ayuda es pedir la cifra completa antes de fijar un precio: en un pago de este tamaño, cuánto me llega. No compares un porcentaje con otro hasta saber si la parte del procesador está incluida o se suma aparte.
Cuándo una comunidad de pago no es la respuesta
No todo público debería pagar, y una plataforma no arregla una oferta escasa. Si nada se renueva (no se añaden lecciones, no hay sesiones en directo, no hay motivo para volver), una suscripción se convierte en un recibo por un archivo, y la gente cancela. Si eres el único que habla, lo que llevas es un canal, y un canal es más barato de llevar en otro sitio. Y si hoy pagarían menos de un puñado de personas, empieza gratis, construye el motivo para quedarse y ponle precio cuando lo haya.
En qué se diferencia de un grupo de chat
Las apps de chat como WhatsApp y Telegram son donde ya está la conversación, y no tienen nada de malo. La diferencia no es la calidad de la conversación. Son tres cosas para las que nunca se diseñaron.
- La puerta. En un grupo, la forma de entrar es un enlace de invitación, y un enlace es texto que se reenvía: paga una persona y entran cinco. En una plataforma, entrar va unido al pago, así que no hay ningún enlace que vigilar.
- La memoria. En un grupo, las respuestas quedan enterradas y un miembro nuevo llega a una avalancha de mensajes sin saber por dónde entrar. En una plataforma, el contenido tiene títulos, páginas y buscador.
- El registro. Un grupo muestra números de teléfono y el nombre que cada teléfono tenga guardado. No es una lista de miembros que puedas leer, buscar y descargar.
Los dos casos están explicados en dos guías aparte de este sitio: una sobre cobrar por un grupo de WhatsApp y dónde falla, y otra sobre Telegram y lo que de verdad permite y no permite. Las dos llegan al mismo sitio: el método manual funciona, y cada uno de sus pasos eres tú.
Tampoco tienes que elegir uno y abandonar el otro. Muchos propietarios mantienen el grupo de chat para la conversación rápida del día a día, y llevan a una plataforma las partes que necesitan una puerta y una memoria: la suscripción, las lecciones, los archivos y las respuestas que deberían seguir ahí el año que viene.
Cómo elegir una plataforma: seis preguntas
La mayoría de las comparativas publicadas te recitan funciones, y las funciones son en gran parte las mismas. Estas seis preguntas son lo que separa una plataforma que te encaja de una que descubres un año después que no te encaja.
- ¿Habla de verdad el idioma de tus miembros? No bastan los botones traducidos: si tu idioma se escribe de derecha a izquierda, toda la página tiene que girar con él, no solo las frases. Ábrela en tu idioma y lee dos páginas completas antes de suscribirte.
- ¿Pueden pagar tus miembros desde donde viven? Pregunta qué moneda verá el miembro y qué métodos de pago funcionan en su país, no cuáles funcionan en el tuyo.
- ¿Puedes llevarte tu lista de miembros? Pregunta dos cosas: ¿puedo descargar a mis miembros como archivo?, ¿y puedo escribirles por correo? Es una pregunta mucho más fácil de hacer ahora que dentro de dos años.
- ¿Están las tarifas escritas al completo? Busca una página que diga, con números: en un pago de este tamaño, esta es la parte de la plataforma, esta la del procesador y esto es lo que queda. Si falta la última cifra, no conoces tu propio precio.
- ¿Qué pasa con tus miembros actuales si subes el precio? ¿También les sube a ellos, o cada miembro conserva el precio con el que se unió?
- ¿Puedes irte? Pregunta qué te llevas si te mudas: tus miembros, tus lecciones, tus archivos. Un lugar del que es difícil irse es un lugar en el que es difícil quedarse por gusto.
Merece la pena hacer estas preguntas a cualquier plataforma que mires, incluida la nuestra.
Un ejemplo práctico: cómo lo hace Nadi
Nadi es una plataforma de comunidades, así que esta es la parte en la que describimos nuestro propio producto. Solo lo que hace hoy.
- Pones un precio a tu comunidad y es la puerta la que lo cobra: el acceso se abre cuando entra un pago y se cierra cuando dejan de llegar los pagos.
- Abrir una no cuesta nada. Hay un plan gratuito para llevar una comunidad: en lugar de una cuota, Nadi se queda una parte de lo que te pagan los miembros.
- La comisión queda por escrito antes de que cobres a nadie. La página de tarifas muestra la parte de Nadi en cada plan y explica el coste real adicional del procesamiento de tarjetas.
- Puedes ofrecer una prueba gratis, para que la gente eche un vistazo antes del primer cobro.
- Puedes descargar tu lista de miembros como archivo cuando quieras. Si algún día te vas, te vas con tus miembros.
- Si subes tu precio más adelante, no sube para quienes ya están dentro: cada miembro conserva el precio con el que se unió.
- La interfaz está traducida por completo a doce idiomas, y todo el diseño va de derecha a izquierda cuando la lees en árabe. El idioma propio de una comunidad se fija por separado, con independencia del idioma en que esté la interfaz del lector.